La nueva Miss Universo, Iris Mittenaere, Miss Francia. Blog Basta Suelta

Miss Venezuela al llegar a su país dio a entender que ahora en Miss Universo no ganaba la belleza sino las historias. Lo decía como explicación al hecho de que ella no quedó entre las finalistas.

Pensé enseguida que la miss venezolana está bastante desactualizada porque las historias siempre han movido y conmovido más que la belleza, y que si van juntas, son una bomba. Nada más pensemos en cuentos de hadas como La bella durmiente y Cenicienta, y repasemos el efecto de personalidades con mucho vivido que comentar como Angelina Jolie y Carrie Fisher. Por si fuera poco, las redes sociales, que nos conectan 24 horas, han avivado el uso de las historias para promover marcas, productos, causas.

Lo que noté en la última edición del concurso Miss Universo es que se ha variado la fórmula. Los tiempos han cambiado, el rol de las mujeres ha evolucionado –por fortuna- y al público, ver desfilar mujeres bellas en un escenario lejano, le impresiona poco. Con las miles de mujeres bellas que uno ve a diario en revistas, redes sociales y por doquier, los clásicos concursos resultan poco llamativos.

Antes de seguir, aclaro que no me gustan los concursos de belleza, me parece que no tiene sentido reunir a un montón de mujeres para juzgarlas por su apariencia; creo que esto no aporta nada a la sociedad. Ahora bien como periodista los tengo que cubrir, y entiendo claramente que a la sociedad le gusta todo lo que tenga que ver con coronas y reinados –a las niñas les fascina vestirse de princesas-. Entonces, si la sociedad le encuentra algún valor, los tengo que seguir, y eso vengo haciendo por años. Así que no soy una apasionada por el tema y, por ello, quiero pensar que soy más objetiva.

Lo que está claro ahora es que los concursos de belleza internacionales están lejos de su clímax, pues con los cambios sociales, culturales, globales y económicos, cada vez es menos bien visto juzgar a la mujer solo por su belleza –aunque se siga haciendo a diario en todos los ámbitos, todavía se piden fotos en las hojas de vida y hay esposas trofeo-. En los concursos, ahora también cuenta ‘todo lo demás’ que tiene una miss: carrera, familia, logros y fracasos, información del mundo, introspección emocional, impacto… Después de todo, la principal consumidora de los concursos de belleza son las mujeres, ellas son las que participan, y las que más asisten a los espectáculos y los ven en la televisión.

La transmisión este año tenía casi mini-documentales de las misses, mostrándolas no solo caminando por lindos paisajes, sino también en su entorno real, más espontáneas –algunas más que otras-. Para que un video así sea interesante, ya no vale tanto la pose o las respuestas aprendidas, sino lo que hay detrás de la cara linda.

El programa este año hacía reír y el humor lo hizo entretenido aún para los no fanáticos. La posibilidad de que el público votará por sus misses favoritas lo hizo interactivo. A nivel de comunicación, fueron buenos puntos, pero no suficientes. Vi el concurso en un restaurante con cuatro televisores encendidos, solo uno tenía el concurso y solo tres personas lo estábamos viendo, mis dos amigos y yo; es decir, un 15% de los que estábamos en el lugar.

De manera que aún esos cambios refrescantes puede ser que no hagan el milagro que los concursos de belleza necesitan. Y mucho cambio de fondo no me pareció que hubo, aunque digan que este año hubo multiculturalidad entre las finalistas, al final ganó la que tenía más pinta de la miss convencional. Así que algunas cosas cambiaron, pero no todas.

 


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