Escena del filme franco-belga 'Le fabuleux destin d'Amélie Poulain', con la actriz francesas Audrey Tautou. Blog Basta Suelta

Autora. Ileana Pérez Burgos

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La razón por la que las francesas tienen buena figura es que se pasan todo el día andando.

Cada cierto tiempo surge un libro sobre las francesas, que si sus secretos para mantenerse flacas o para hacer que sus hijos se coman los vegetales con gusto. Pese a que el mundo da vueltas y la globalización nos tiene hiper-conectados con otras culturas, en el mundo occidental percibimos que las francesas tienen algo, ese famoso je ne sais quoi, que nos vendría bien al resto de las mujeres.

Viví y estudié un año en Francia, suficiente para que París me dejará marcada y para conocer a la francesa de pie, la que camina a la estación de metro más cercana cuando todavía no sale el sol, la que entiende el valor de la estética, el arte y la belleza pero no se siente para nada presionada por las tendencias, la que valora más los encuentros con otros a orillas del Sena que horas de compras en un centro comercial.

París es la cuna de la alta costura, pero creo que se entiende mal la elegancia francesa, pues se trata de menos de ponerse y más de ser. El estilo allá es una búsqueda individual, no colectiva, no del rebaño siguiendo las tendencias.

Que tal si les dijera que gran parte de ese donaire que se aprecia en ellas no tiene que ver con la ropa, sino con otros hábitos.

Esto fue lo que aprendí de ellas…

  • A caminar y caminar. Las francesas no son gordas. Es verdad. Nunca fui tan delgada como el año que estuve en París y nunca vi una mujer obesa caminar en esa ciudad. Los libros les hablarán de dietas, cigarrillos y vegetales, y yo les diré que el secreto es caminar, caminar, caminar. Caminaba de 6 a 8 horas diarias, porque desde que salía de casa, el único momento que estaba quieta eran las horas de clase. Así sucede con las francesas, solo están quietas el tiempo que están en su trabajo, sentadas en el tren o en la universidad. El resto están andando y a un paso acelerado, como si estuvieran tarde para una cita, ese es su ritmo habitual.
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    En bicicleta o a pie, en Francia siempre se está en movimiento.

    Caminar 20 minutos a la estación de metro más cercana no es problema, es parte de su vida diaria. Regresar a pie a casa a las 2 a.m. porque el metro ya cerró es parte de la rumba. Empujar un coche con bebé o el carrito con la compra del supermercado 15 cuadras es lo natural. Nadie se queja de caminar ni de las distancias. Caminar a todas partes y no tener auto es parte del estilo de vida de las grandes ciudades de Europa.

  • Comidas románticas, pero nada cargadas. Los franceses comen, sí señor. Como en toda cultura, las celebraciones se hacen alrededor de comida y la de ellos es de fama mundial, pero requieren de poco para festejar y jamás vi una bolsa de cheese-weez en una fiesta. Salir a un restaurante es costoso, así que organizan muchos encuentros en casa, en parques, en puentes o a orillas del Sena. ¿Cumpleaños? ¿Cena romántica? Una botella de vino, una tarta de frutas, pan y queso es más que suficiente para armar el festejo donde sea.
    La actriz francesa Juliette Binoche en look muy de las calles de París.

    La actriz francesa Juliette Binoche en un look muy de las calles de París.

    Un día un amigo francés invitó a mis padres, que estaban de visita, a cenar. Nos esperó en la hermosa Place des Vosges con pistachos y vino blanco sobre el césped, una escena absolutamente romántica. Llegamos a su pequeño y bien arreglado apartamento y cenamos ensalada, pan, fiambres y mucho vino. Mis papás se quedaron sorprendidos de que la cena fuera una ensalada, un platillo que en nuestra cultura es un acompañamiento que muchos dejan en el plato.
    Pues así de sencillo fue el menú, el plato fuerte e inolvidable eran la conversación, la compañía y el ambiente.

  • Muchísima agua mineral. Los franceses no toman agua del grifo. Son el país de Evian y Volvic, del agua mineral embotellada de manantiales que brotan en la montaña. En una clásica máquina de soda encontrarán hasta tres opciones de agua embotellada. Ese es uno de sus grandes secretos. Beben más agua que bebidas azucaradas (sodas, jugos). Aunque esto esté cambiando en generaciones más jóvenes, es una hábito que bien vale copiar.
  • Poca, pero buena ropa. Tal vez a una panameña le cueste entenderlo porque vivimos en un país con muchas opciones de vestir a muy bajo precio, pero en Europa no es así. Lo que es muy barato, suele ser de muy mala calidad. Eso también quiere decir que las tiendas, aún las de precios accesibles, manejan estándares de calidad superiores, lo que hace que la ropa dure más y luzca mejor.
    Las francesas no practican el consumismo al estilo estadounidense (que es lo que seguimos en Panamá). Por supuesto que compran pero yo diría que con menos ansiedad de tener y más placer por vestir a su manera.
    Además, por ley las tiendas deben cumplir con temporadas de rebajadas obligatorias, que para muchas son el momento de abastecerse de esas piezas de mejor calidad a menor precio.

    Sophie Marceau en Cannes 2015

    Sophie Marceau en un traje camisero en la alfombra roja del Festival de Cine de Cannes este año.

  • La piel antes que los cosméticos. Francia es el país de los perfumes y del maquillaje, así que no les voy a engañar diciéndoles que las francesas no se maquillan, sí lo hacen. Francia es el país donde nació Sephora, y así revolucionó una vez más la cosmética en el mundo. Pero creo que antes de ponerle color a sus caras, se preocupan de lo que alimenta su piel.
    Las farmacias en Francia son tiendas especializadas en productos de alta calidad para el cuidado de la piel, y no necesariamente de alto precio ni de marcas mundialmente conocidas (aunque ya las vamos teniendo por estos lares).
    Las francesas buscan en esas lociones y cremas para la piel parte de lo que llaman el “bien-etre”, el estar bien. Esos productos son parte de su búsqueda de la felicidad.
    Para ellas es más importante invertir en estos productos (aunque sea comprando un jabón de Marseille) que en un blush o una sombra.
    Me parece que por acá, pensamos a la inversa.ParisLo que les cuento es apenas un asomo a la esencia del estilo de las francesas, que nada tiene que ver con las rayas horizontales ni las boina; es mucho más que eso. Decirles que caminar por París es encontrarse con gente vestida como de pasarela, es mentirles. Las francesas no se obsesionan con tendencias, se visten como quieren y nadie las critica. Su cultura las deja ser libres para expresarse como bien les parezca. Esa tal vez sea la mayor lección de las francesas, pues por acá tendemos a uniformarnos para encajar en los grupos, y también como una especie de símbolo de estatus que demuestra que estoy “fashion”, pero el estilo va más allá, es libertad de expresión, es crear todos los días, es relajarse al elegir qué te pones.

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